Pros y contras de los sistemas de purificación de aire

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Evitar entornos contaminados es importante para prevenir enfermedades como neumonía o cáncer de pulmón, según la Organización Mundial de la Salud

Si hay algo que condicione la salubridad de un espacio cerrado es sin duda el estado del aire que circula en su interior.

La falta de renovación de este puede ser causante de enfermedades graves, como el cáncer de pulmón, la neumonía o los accidentes cerebrovasculares, según apunta la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Además, la situación actual provocada por la expansión del Covid-19 ha alertado aún más sobre la relevancia de mantener el aire purificado

Un problema, cinco soluciones

La purificación del aire es la actuación por parte de un dispositivo para limitar la propagación de los residuos nocivos y prevenir las posibles enfermedades. Partiendo de esta definición, es posible destacar las diferencias de los distintos sistemas de higienización de aire existentes.

Purificación del aire por ozono (O3)

A pesar de su incuestionable eficacia para la eliminación de virus y bacterias, el sistema de purificación mediante ozono tiene contraindicaciones, puesto que su uso puede ser tóxico cuando se manipulan grandes concentraciones del producto. Por ello, a la hora de recurrir al ozono para higienizar el aire existe un límite de 100 microorganismo por metro cúbico, ya que una cantidad superior podría ser perjudicial para el ser humano.

Cuando no existe riesgo de contacto con las personas, este método de purificación se utiliza en protocolos como la esterilización de quirófanos.

El ozono, conocido como O3, es una sustancia formada por oxígeno que en la concentración adecuada sirve como desinfectante.

Aunque aún no se han realizado investigaciones suficientemente profundas en cuanto a su eficacia frente al Covid-19, se conoce que el Ozono sirve para combatirlo, siempre y cuando se acumule la cantidad aconsejada, la cual se estima en torno a los 2 miligramos por metro cúbico.

De no cumplir con los límites de concentración, se podrían causar daños personales, por lo que su uso solo se aconseja para espacios deshabitados donde este quedaría activo durante unas ocho horas.

Purificación del aire mediante radiación ultravioleta (UV-C)

La radiación ultravioleta (UV-C) es efectiva para eliminar virus y bacterias, pero su eficacia disminuye a la hora de acabar con algunos alérgenos.

Este tipo de radiación ataca a los ácidos nucleicos, lo que le otorga propiedades germicidas. Es decir, tiene el poder suficiente para acabar con las bacterias.

Esta solución no es apta para entornos donde las personas queden expuestas sin protección, ya que puede causar daños severos. Sin embargo, la luz ultravioleta puede ser manipulada con la indumentaria y los medios de protección adecuados.

A pesar de que este tipo de radiación no requiere de productos químicos para ejecutar su función desinfectante, su uso sin recursos de protección como gafas o trajes especiales está desaconsejado, pues puede dañar a los ojos o la piel, causando además algunos tipos de enfermedades como el cáncer.

Purificación del aire mediante oxidación fotocatalítica

El sistema de purificación de aire a través del proceso de oxidación fotocatalítica se conoce por su capacidad para inactivar virus y bacterias cuando es empleado en superficies, así como en entornos de aguas residuales.

Sin embargo, su eficacia a la hora de acabar con los elementos nocivos que se pueden encontrar en el aire no es tan evidente.

Su uso también queda restringido, ya que puede afectar negativamente al ser humano.

Se ha comprobado científicamente que este proceso es capaz de inactivar tanto a virus como a bacterias en poco tiempo. El dióxido de titanio, expuesto a una luz ultravioleta, provoca una serie de reacciones que, a su vez, generan iones y sustancias capaces de inhibir una gran variedad de contaminantes químicos.

La eficacia de este proceso contra virus y bacterias queda de nuevo eclipsada por sus desventajas. Este proceso de purificación es lento, por lo que se descarta en muchas ocasiones, como por ejemplo cuando el objetivo es higienizar el aire. Por su parte, es bastante efectivo en superficies y aguas estancadas, lugares donde el tiempo de exposición es más prolongado.

Purificación del aire mediante la ionización

El proceso de ionización también es efectivo para eliminar bacterias y virus, aunque no actúa con la misa eficacia que otras tecnologías como las descritas anteriormente.

La purificación del aire por ionización reduce la concentración de microorganismos. Si el procedimiento no se lleva a cabo de la forma correcta, existe riesgo de que las partículas reaparezcan.

Purificación del aire mediante filtración electrostática

El proceso de purificación del aire a través de la filtración electrostática puede considerarse uno de los más eficaces.

Este procedimiento hace posible la captura de partículas presentes en una corriente de aire, eliminando así el efecto negativo que algunas de estas pueden causar.

Los filtros son capaces de crear un campo eléctrico con el que es posible ionizar el aire y captar contaminantes.

Pero si el resto de sistemas de limpieza de aire tenían una extensa gama de desventajas, la filtración electrostática no iba a ser menos.

En su repertorio de contraindicaciones, destaca por ejemplo la puesta en marcha de este proceso en lugares cercanos a sistemas de humidificación y deshumidificación, así como en entornos donde el aire se encuentre muy saturado. Sin embargo, esto es algo que se puede combatir utilizando ventiladores potentes, lo que hace que los filtros actúen con mayor eficacia

En definitiva, ante la inminente necesidad de higienizar el aire por las distintas circunstancias actuales, pueden considerarse distintos métodos de actuación teniendo en cuenta sus ventajas y desventajas.

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